Nuestro hombre en Toledo.
En la asamblea de Atenas, el estratego Pericles hablaba sobre la continua amenaza persa a unos ciudadanos tan embebidos en sus cuitas privadas que no le prestaban la debida atención. Entonces, sin avisar, de repente, cambiando el tono y el volumen de voz, comenzó a contar una fábula de Esopo: “El dios Apolo, la Golondrina y la Anguila hacían juntos el camino hacia Atenas hasta que llegaron a la orilla del río Iliso. La Golondrina se despidió y se elevó en el aire, y la Anguila dijo adiós y desapareció en las aguas.” … Y entonces aquí Pericles calló y tomó asiento. Desde varias zonas de la asamblea muchos ciudadanos le gritaron: “¿ Y Apolo qué hizo ? ...” Pericles se incorporó y respondió: “Apolo montó en cólera contra vosotros, porque antes de regalaros las orejas con Esopo debéis proteger a Atenas y a vuestras familias de los persas”. El Gobierno Municipal conversa –desde años- con la -de sobra- paciente familia de Chillida sobre las mil y una formas de dar realce urbano a la escultura “Lugar de Encuentros”, en un eterno y siempre próximo futuro que parte de 1980. Pero mientras, en el incansable presente ajeno a ese idílico palacio de Versalles de acuerdos culturales municipales, la escultura sigue siendo utilizada como urinario por botelloneros, pisoteada como pedestal por turistas para hacerse fotos, sacudida por coches en situación ilegal y pintarrajeada por vándalos integristas.


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